En Casablanca cultivan extraña “papa” llamada topinambur

  • 6 octubre, 2018

Topinambur es el nombre del que, por estos días, ha llegado a transformarse en el producto estrella del emprendimiento liderado por la dueña de casa y agricultora de Casablanca, Blanca Fuenzalida Canales.

Se trata de un extraño y, en esta zona, desconocido tubérculo, rico en propiedades nutricionales y medicinales, del que se tiene registro como uno de los principales alimentos en la dieta de diversos pueblos indígenas americanos y que ha logrado mantenerse vigente hasta la actualidad.

El destino quiso que la casablanquina Blanca Fuenzalida recibiera, hace poco más de tres años, de parte del programa de Desarrollo Local (Prodesal) que se ejecuta entre INDAP y el municipio local y del que es usuaria, las primeras “papas” del topinambur, las que comenzó a cultivar y al mismo tiempo conocer.

Nacida y criada en la localidad de Las Dichas, comuna de Casablanca, esta productora campesina que siendo una adolescente dejó su pueblo natal para afincarse en Viña del Mar, nunca rompió del todo el cordón umbilical que la unía a su tierra. Con una hermosa familia ya formada, junto a su esposo Sergio Estuardo, decidió, hace unos siete años, volver a la zona que la vio nacer para iniciar su emprendimiento, el que ahora se hace conocido por su producción de topinambur.

“Empezamos con las siembras tradicionales y lo del topinambur nació por unas papas que nos entregó el Prodesal. Empezamos a plantarlas hace como tres años y ya hemos tenido muy buenos resultados. Actualmente soy la que más produzco topinambur en la región. El cultivo es muy fácil y de una papa se sacan cerca de diez kilos de topinambur”, comenta, con orgullo, Blanca Fuenzalida.

La emprendedora detalla además que es su marido quien se encarga del cuidado y proceso de cosecha del tubérculo y que ella es la que realiza el proceso para convertirlo en exquisitas preparaciones, tales como: topinambur en escabeche, topinambur salteado en romero, queques naturales de topinambur y mermelada de topinambur, aparte del producto sin procesar que también vende a sus clientes.

Las preparaciones las hace en la Cocina Casablanca, exitoso proyecto pionero en el país, impulsado por el municipio de esa comuna de la Región de Valparaíso en conjunto con el Programa Prodesal de INDAP, que ha permitido que 25 pequeños productores agrícolas, entre ellos Blanca Fuenzalida, puedan elaborar sus alimentos en dos contenedores habilitados como sala de procesos. “La última temporada hemos sacado más de 500 kilos. Mi marido hace la cosecha y yo hago el trabajo en la Cocina Casablanca; ahí envaso, hago todo y mis productos tienen Resolución Sanitaria”, agrega Fuenzalida.

ALCACHOFA DE JERUSALÉN

Se sabe que esta extraña “papa”, también llamada Tupinambo (nombre proveniente de los indígenas tupinambás de Brasil), Alcachofa de Jerusalén o Girasol de Canadá, es una especie de la familia Asteraceae, nativa de Norteamérica, lugar en el que los indígenas la cultivaban antes de la llegada de los europeos.

A la hora de comercializarlo acá en la región, muchos confunden el topinambur con el jengibre, lo que ha servido para que este tubérculo se dé a conocer en la zona, y en especial sus propiedades, entre las que destacan el hecho de que no contiene gluten, su capacidad de regenerar la flora intestinal y para combatir problemas inmunológicos, la diabetes y el colesterol alto.

Actualmente, la usuaria INDAP, vende topinambur todos los viernes en la feria de Casablanca, los miércoles en el Mercado Campesino ubicado en la Plaza Esmeralda del Cerro Monjas, en restoranes de Valparaíso (donde entrega el producto a pedido) y en ferias nacionales como las de Echinuco, entre otras.