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Panadería funciona íntegramente con personas privadas de libertad

Con la esperanza y compromiso de funcionarios e internos espera transformarse en un agente de cambio que beneficie a toda la sociedad.

Para el mes de mayo se espera que la nueva panadería del Centro de Educación y Trabajo (CET) de Putaendo alcance una producción diaria superior a los 300 kilos. Los encargados de alcanzar esta meta serán los mismos internos de la unidad, quienes ya trabajan en la dependencia.

En la actualidad son ocho los reclusos que día a día se encargan de elaborar los 25 kilos que permiten autoabastecer el CET. Sin embargo, a partir de marzo se comenzará con la entrega a los Centros de Cumplimiento Penitenciario de San Felipe y Los Andes, quienes, con el paso de los meses, llegarán a recibir 130 y 150 kilos respectivamente.

El nuevo espacio comenzó a funcionar oficialmente el pasado 14 de febrero, luego de la ceremonia de inauguración encabezada por el Director Nacional de Gendarmería, Jaime Rojas. Entre los planes que se tienen a futuro, afirma el suboficial Alejandro Zamora, jefe (s) del Centro, se encuentra la venta al comercio local y sumar una pastelería.

“Pensamos que más adelante podríamos entregar a otras unidades, que podría ser Quillota, incluso a la comunidad. También tenemos pensado hacer una pastelería. Queremos que esto sea más grande y así entregar más herramientas a los usuarios… (Esto) nace de la idea de poder entregar herramientas para que los usuarios, una vez egresados, tengan habilidades suficientes para desarrollarse en el medio libre”.

La construcción de la panadería comenzó a fines del 2015 y desde ese año se comenzó a capacitar a quienes se encontraban cumpliendo su condena en el establecimiento penitenciario. Debido a que la mayoría de los capacitados ya egresó, se espera realizar un nuevo curso de panificación.
“En este momento nos encontramos postulando, a través de la municipalidad de Putaendo a un curso de becas laborales del Sence. Si no nos resulta por esta vía, vamos a postular de forma interna al banco de proyectos. Tenemos presupuestados 20 usuarios para la capacitación de Sence”, afirmó Sara Delgado, encargada del área técnica del CET.

La asistente social agregó que, gracias al trabajo conjunto con el Centro de Salud Familiar de Putaendo, a los trabajadores de la panadería y otros doce internos se les efectuaron exámenes preventivos de salud y, por medio del IST, también se les capacitó en manipulación de alimentos.

UNA NUEVA VIDA

El primer turno de cuatro panaderos comienza a trabajar a las cuatro de la madrugada. Uno de ellos es Cristian Rojas (33), quien reconoce que: “Gracias a Dios hemos podido experimentar una bonita experiencia que es aprender un oficio y hacer el pan. Ha sido un desafío, porque todos hemos aprendido de a poco cómo hacer un buen pan. Nos sentimos orgullosos de haber aprendido este rubro. En mi caso quiero salir a trabajar y esto me sirve para salir a trabajar a una panadería y quizás, con el tiempo, poner una panadería”.

Consultado respecto a su familia, Rojas se emociona y afirma que: “Tengo una hija de 17 años, mi hermana, mi madre y mi padre. Ellos se sienten orgullosos del cambio que he podido tener. Nosotros recibimos un incentivo que me ha servido también para ayudar a mi familia, para entregarle dinero mensualmente a mi hija y para reinsertarme en la sociedad”.

Junto a Cristian produce pan Rodrigo Collao. A sus 29 años reconoce que: “Aquí queda demostrado que sí se puede, que cuando uno tiene las ganas se pueden aprender cosas nuevas que te sirven en el medio libre, que marcan la diferencia y que rompen con el estigma de que el preso solo sabe robar”.

Así, con la esperanza y compromiso de funcionarios y privados de libertad, la panadería espera transformarse en un agente de cambio que beneficie a toda la sociedad.