El reporte identifica lo que denomina un “techo de cristal técnico”, una paradoja donde la sobrecalificación femenina no se traduce en posiciones de liderazgo. En el sector de la construcción, por ejemplo, el 11,9% de las mujeres posee educación universitaria completa, una cifra superior al 4,8% de sus pares hombres. Sin embargo, solo el 4,6% de ellas accede a cargos de jefatura o profesionales, mientras que el 57% permanece en ocupaciones de baja calificación, como jornales o ayudantes.
El estudio subraya que el desafío de la inclusión femenina ha evolucionado. Ya no se trata solo de sumar mujeres al mercado laboral, sino de garantizar trayectorias formativas que permitan desplegar su potencial. Esta necesidad se vuelve urgente en industrias de alta demanda de talento, como la minería y la construcción, donde la participación femenina apenas bordea el 10%, y donde la brecha en sectores vulnerables alcanza los 18,6 puntos porcentuales debido a responsabilidades domésticas.
José Esteban Garay, Gerente General del OTIC CChC, enfatiza que «el desafío ya no es solo incorporar más mujeres al mundo laboral, sino asegurar trayectorias formativas que permitan desplegar su potencial, cerrar brechas de productividad y responder a la creciente demanda de talento en el país».
Por su parte, Bárbara Veyl, Gerenta de Vinculación e Innovación Social, explica que la aceleración prevista en industrias críticas exigirá talento calificado. «Desarrollar el potencial de miles de mujeres que hoy queda atrapado por falta de redes de apoyo, se trata de una urgencia de desarrollo para volver a crecer de forma sostenible», afirma. El informe concluye que la empleabilidad femenina debe ser una política estratégica que permita la movilidad social y económica, garantizando que el talento de las mujeres no permanezca estancado en roles de baja especialización.








